Sombra Protectora – Cuando la vida depende de un guardespaldas

LOS GUARDAESPALDAS, SON LA SOMBRAS DE SUS JEFES, SU FUNCIÓN ES DAR SEGURIDAD AL MÁXIMO, DEBE CONOCER QUIENES SON SUS AMIGOS Y CUÁLES SUS POSIBES ENEMIGOS, SU ÚLTIMA OPCIÓN ES USAR EL ARMA EN UNA SITUACIÓN DIFÍCIL.

Por: LEONARDO CEBALLOS

Manta. Hace mucho tiempo que Iván está ahí. Infiltrado entre aburridas reuniones y cenas de trabajo. En los mejores cócteles y bailes. El día que su jefe ingresó a un baño público, el estuvo parado en la puerta. Cuando va a dormir, allí está él, siguiendo con la mirada su último paso. Iván es uno de los guardaespaldas protagonistas de esta historia. Lleva puestas unas gafas oscuras y un audífono en el oído derecho. Está al pie de un auto Mercedez Benz blanco, que espera la salida del empresario al que cuida. Desde hace nueve años, se ha convertido en su sombra protectora. Lo sigue a todos lados. Le dice por donde ir, incluso a quien despedir o en quien no confiar. ” De eso se trata nuestro trabajo, cuando empezamos a cuidar a alguien analizamos todo el entorno”, expresa.

Le piden una lista de las personas que laboran en su casa. Las estudian. Buscan si existe algún resentido, y si lo hay piden su renuncia. Analizan a los vecinos. Arman rutas de escape en la casa, oficina, viviendas de amigos o cualquier lugar por frecuentar. Desconfían de todo el mundo, hasta de la secretaria que lleva el café. Es que las mujeres son las más utilizadas para infiltrarse. “Ya sabe la carne es débil y los jefes pueden caer”, comenta.

VELOCIDAD

Robert es un amigo de Iván, y dice que la gente tiene una idea errada de los guardaespaldas. Creen que los morenos de dos metros de alto y 250 libras de peso son los adecuados para este oficio, pero no es así, indica.

Cuenta que su trabajo es de velocidad e inteligencia y no de fuerza. Siempre hay que mantener la calma, y pocas veces usar el arma. Si se observa algo anormal lo mejor es retirarse. Hay que ser muy observador. Las intenciones de la gete se ve en sus miradas o movimientos corporales. Robert ha sido guardaespaldas desde los 17 años. Trabajó en Colombia, “allá si que es difícil”, comenta. En ese país una bala no se le mezquina a nadie.

En este oficio aprendió que a la gente se le clasifica por au nivel de riesgo. Dice que no es lo mismo, proteger a un empresario que a un presidente. Incluso de eso depende el sueldo que va desde los mil hasta los tres mil dólares.

En su caso, cuida a una familia en Machala. Lo hace desde hace siete años. Son personas de perfil bajo, lo cual es importante en su trabajo.

Robert tiene una idea clara de la situación. Dice que lo primero que debe usar un guardaespaldas es la defensa personal. Golpear en los llamados puntos de presión del cuerpo humano. Lugares que inmovilizan al agresor. “Es mejor recurrir a esto antes de disparar”, indica.

UN INSTRUCTOR.

Mario Falcone es de ésta misma línea. Por algo es experto en karate y pertenece a la empresa ICPS, que imparte charlas de seguridad en varios países. Él es un guardaespaldas que ha entrenado grupos de élite. Nació hace 53 años, en México, y desempeño su trabajo en ese país. Allá donde cada semana encuentran cadáveres descuartizados o llenos de balas.

“Es complicado el entorno, los sicarios son muy sanguinarios, es una situación muy distinta a la que se vive en otros países”, expresa.

En 1984 le dispararon, fué en un cruce de balas donde aprendió que un guardaespaldas, siempre debe estar alert o si no se muere. Al fin y al cabo su vida es salvar otras. Trabajan las 24 horas, de sol a sol, mientras sus protegidos duermen seguros

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